jueves, 19 de mayo de 2011

"Historia de una mujer fea"

Mis problemas de autoestima vienen de antaño.
Ya desde muy chica tuve la fantasía de estar protagonizando una comedia de enredos llamada “Historia de una mujer fea”.
Recuerdo como si fuera hoy, el chiste cruel con el que mi hermana mayor me torturaba de pequeña. Además de acusarme de ser “adoptada” hasta verme llorar, como yo era prematura, me decía que de lo fea que era de recién nacida, me habían metido en una incubadora con vidrios polarizados para que nadie me viera. Despiadada, mi exitosa hermana, siempre fue el vivo reflejo de lo que yo nunca llegaría a ser.
Dicen que la autoestima es la percepción evaluativa de uno mismo, de los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter.
Más que autoestima baja, creo que tengo autoestima previa. ¡Nunca aprobé esa evaluación!
Y hablando de materias, me vino otro hermoso recuerdo de mis días de estudiante. Tenía escasos 13 añitos y muchos, muchísimos complejos. Cursaba 1° año del secundario. Siempre fui una persona muy peluda y, hasta ese día, jamás me había depilado. La imborrable anécdota ocurrió un sublime día de primavera, cuando un encantador compañero del grupo de los chicos “cool” se acercó a mí y mirándome las piernas me preguntó si mi mamá me había parido o tejido.
A partir de ese momento, mi autoestima ya era campeona mundial en la práctica uno de los deportes más extremos que existían hasta ese momento, el salto base o caída libre. La valoración de mí misma caía en picada. Mi vida ya se había convertido en una avalancha imparable de perturbaciones, trastornos y rarezas.
Pero todo no termina ahí.
A los 18 años, choqué con una moto. Me fracturé la clavícula y me disloqué el hombro. La cara la tenía hincada, llena de moretones y rasguños. Estuve internada 24 hs en observación. Cuando el simpático de mi hermano me vino a ver, lo primero que me dijo antes de saludarme fue “Che, María, después del accidente quedaste mucho mejor.”
Y con esta última historia, termina este hermoso resumen de gratos recuerdos.
Algo en claro me queda después de este racconto de experiencias vividas :” Mi problema no es que mi autoestima sea baja, sino que sea realmente profunda, ¡casi subterránea!

19 de mayo de 2011 – Diario de María Pena, mujer fea que vive sola en un departamento chico y guarda todos los días su autoestima en el subsuelo.

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