domingo, 9 de octubre de 2011

El abismo

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.” Friedrich Nietzsche

Conviví con monstruos, internos y externos durante un largo tiempo este último año de mi vida.
La amenaza externa resultó ser peligrosa, pero el abismo interno fue aún más desolador.
Miré durante un largo tiempo lo más profundo y oscuro del acantilado mientras mi cuerpo se llenaba de vacío.  El abismo invadió mi mente por completo. No tenía dirección. Desorientada, ausente, vulnerable e inestable seguía adelante como podía.
Hasta que una noche de insomnio, comprendí lo incoherente que estaba siendo.  “Quería borrarlo de mi pasado pero retenerlo en mi futuro.” Era yo misma la que me invitaba a acercarme a ese límite insano que significa caminar por la cornisa.
Y fue así que ese día, entendí lo peligroso que era estar tan cerca del precipicio y decidí alejarme de él.
Todos podemos ser víctimas de un empujón al abismo, si, y sólo si, nos ubicamos cerca de él...

9 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, por más que sigas intentando empujarme al abismo, quiero que sepas que ya me alejé de él...

sábado, 8 de octubre de 2011

Ser bella, antes y ahora


Sin ánimo de ofender a nadie, creo que el concepto de belleza ha involucionado… Más bien, se ha desnaturalizado, por no decir, artificializado, siliconado y aclarado.
8 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer que no se ajusta a los cánones de belleza de antes, ni de ahora. En síntesis, mujer fea.

viernes, 7 de octubre de 2011

No soy yo, es la retención de líquidos

Las excusas que las personas usamos para excusarnos de nuestra gordura son realmente geniales. Decimos cualquier cosa con tal de no reconocer nuestro exceso de grasa y sobrepeso. Cuántas veces hemos escuchado frases con excusas realmente insólitas y que además, todo el mundo sabe, que son eso, simplemente excusas para no reconocer que estamos “gorditos”. La típica “Sí, sí, yo peso 75 kg pero porque soy de huesos grandes”  “Me equivoqué de programa y puse las remeras con agua caliente en el lavarropas, es eso, se debe haber achicado” “Es que tomé mucha gaseosa ayer, por eso estoy así” “Lo que pasa es que estoy con retención de líquidos, ¿viste?”, etc, etc, etc.
Hoy a la mañana, me crucé con la vecina del 2do “E”. Doña Julia es divina. Vive sola con su gato. Es amable y muy reservada. Raro encontrar gente así dentro de un edificio. Desde el verano que no la veía. Pensar, que yo me separé de mi ex a fines de enero y engordé, sistemáticamente, dos kilos por mes desde ese día hasta hoy. Es decir, haciendo un rápido cálculo mental, que la última vez que nos vimos con mi adorable vecina octogenaria, yo estaba 16 kilos más flaca.
Doña Julia es una mujer encantadora, incapaz de decir o hacer algo que lastime a alguien.
-Maria, ¡qué alegría verte! Hacía mucho que no nos cruzábamos. Es que yo estuve bastante mal de salud. Recién ahora me estoy animando a salir un poco…
-¡Uy! No sabía nada… Menos mal que ya está mejor entonces. Se la ve muy bien. ¡Usted siempre tan linda! ¡Y tan guapa!
Pobre mujer. La puse entre la espada y la pared. Yo le había dicho un piropo, un halago, y ella se veía en la obligación moral de devolverme el cumplido. La noté incómoda, entonces fui yo la que rompió el silencio para descontracturar la situación.
-Yo me separé. Estoy viviendo sola desde finales de enero. Hoy puedo decirle que me siento muy bien. Éramos muy distintos. Al principio me costó aceptar la idea, pero era inevitable…
-¡Ay, Maria! Menos mal que me contaste. No me animaba a preguntarte. Hay veces que uno no entiende por qué pasan las cosas cuando pasan, pero después, con el tiempo, uno se da cuenta que todo pasa por algo en la vida y no hay mal que dure cien años...
-Ni cuerpo que lo resista, Julia – agregué. - Bueno, en mi caso, engordé más de 15 kilos. Estoy hecha una vaca inflada.
-Y seguramente el stress te produjo trastornos a nivel digestivo. ¿No te hiciste ver? Capaz estás con inflamación intestinal, por eso estás tan hinchada – me dijo, intentando buscar un atenuante para describir mi protuberante abdomen.
-Y… Puede ser que sea por eso – le contesté. Y mientras me reía buscando su complicidad, añadí - Lo raro es que esa “hinchazón” sea de grasa, y que me haya hecho metástasis en el culo, las piernas y hasta en los brazos; en todo mi cuerpo, menos en las tetas…

7 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, menos mal que justo llegábamos a la planta baja. Doña Julia es un amor, y yo a veces para hablar, soy una bestia…

jueves, 6 de octubre de 2011

Campaña igualitaria por el derecho visual femenino y la reivindicación del pene pequeño

A vos compañero te digo:
No importa si tu “amigo” tiene el tamaño de un salame picado grueso XL, o el de una salchichita de copetín.
Las mujeres tenemos derecho al regocijo visual masculino.
No importa si ese “amigo” viene con dos higos siameses del tamaño extra grande, o dos pequeñas pasas de uva pegaditas.
Las mujeres tenemos derecho a deleitarnos pispeando los atributos masculinos.
No importa si tu “bulto” parece al equipaje de la Reina de Inglaterra y toda su corte y enorme comitiva, o el de un adolescente rumbo a la costa un fin de semana.
Las mujeres tenemos derecho a que se nos caiga la baba mirando “ahí” abajo.
Por la igualdad del derecho visual femenino.
Porque CULO Y TETAS sean lo mismo que PITO Y BOLAS.
Porque llegó la primavera y las bermudas holgadas masculinas no son negociables.
Porque los hombres deben animarse a usar calcitas bulteras.
Porque un bulto pequeño puede desatar una risa burlona a primera vista, pero toda mujer sabe, que lo importante no es el tamaño, sino la habilidad del instrumento.
Porque el pene pequeño también es pene.
Porque el pene enano también es pene.
Porque el mini pene también es pene.
¡Animate a mostrarlo! ¡Nosotras hacemos el resto! Te lo miramos de punta a punta. Y si es muy chiquito, de puntita a puntita y ya.


6 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, no me gustaría dejar una mala impresión… Mmm… No es que cualquier pene me venga bien, ¿eh?… ¿O sí?

miércoles, 5 de octubre de 2011

Filósofos de lo esencial






“De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero.”
Benjamín Franklin



“De aquel que opina que un buen culo y un par de tetas pueden hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por un buen culo y un par de tetas.”
Maria Pena



5 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, culo, teta, caca y pis. Un resumen acotado de las necesidades básicas masculinas.

martes, 4 de octubre de 2011

Mujer circo

Me encanta que me digan que soy una mujer orquestra. Me levanta la autoestima y me siento orgullosa de mí misma cuando alguien me describe como una mujer versátil. Pero con lo de “mujer circo”, el verdulero  se fue al carajo. Todavía no entiendo si me quiso decir un halago o un insulto. Quizás, asoció la heterogeneidad y los múltiples talentos de los artistas circenses con mi ductilidad y lo polifacético de mi carácter. O, tal vez:
·         Me miró de cerca y me vio los bigotes, entonces me asoció a la mujer barbuda.
·         Sabe que con la miseria que gano por mes para llegar a fin de mes debo ser  maga o malabarista.
·         No me quiere faltar el respeto, y en lugar de llamarme petera o bultera prefiere referirse a mí como una bastonera o tragasables.
·         Cree que por mi gordura y el ancho de mis brazos puedo perfectamente ocupar el lugar de la mujer forzuda.
·         Alguien del edificio le fue con el chimento de mi larga abstinencia sexual y presume que me gustaría recibir un cañonazo del hombre bala.
·         Reconoce mi capacidad de entusiasmarme con las promesas de cualquier pelotudo y me ve como una gran fantasiosa o ilusionista.
·         Supone que el color verdoso de mis ojeras y mi palidez extrema corresponde al maquillaje de un nuevo estilo de payaso bizarro.
·         Se enteró cómo fue que me dejó mi ex y entiende que estoy acostumbrada a los actos de escapistas.
·         Sabe de mis largos eructos diciendo el abecedario completo y me cree soy ventrílocua.
·         Escuchó u olió algunos de mis pedos y comprende que puedo ganarme la vida como lanzafuegos.

4 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, “mujer circo”. Desde ya, por la gran cantidad de boludeces que digo por segundo podría ser, sin lugar a dudas, en lugar de mentalista, mentausente.

lunes, 3 de octubre de 2011

Esto me recuerda a...

Tengo alergia
Esto me recuerda a picazón
Esto me recuerda a nariz
Esto me recuerda a mocos
Esto me recuerda a niñez
Esto me recuerda a hamacas
Esto me recuerda a jardín de infantes
Esto me recuerda a cuentos
Esto me recuerda a ronda
Esto me recuerda a mate
Esto me recuerda a yerba
Esto me recuerda a bombilla
Esto me recuerda a pene (la famosa bombilla de cuero)
Cambiemos de tema. Empecemos de nuevo.

Tengo hambre
Esto me recuerda a dieta
Esto me recuerda a calorías
Esto me recuerda a puchero
Esto me recuerda a humeante
Esto me recuerda a cacerola
Esto me recuerda a hornalla
Esto me recuerda a fósforo
Esto me recuerda a fuego
Esto me recuerda a incendio
Esto me recuerda a bomberos
Esto me recuerda a autobomba
Esto me recuerda a manguera
Esto me recuerda a pene (la famosa manguera de cuero)
Cambiemos de tema otra vez. Vamos de nuevo.

Tengo sueño
Esto me recuerda cansancio
Esto me recuerda a oficina
Esto me recuerda a trabajo
Esto me recuerda a horario de salida
Esto me recuerda a parada del bondi
Esto me recuerda a monedas
Esto me recuerda a boleto
Esto me recuerda a colectivo
Esto me recuerda a chofer
Esto me recuerda a volante
Esto me recuerda a palanca de cambio
Esto me recuerda a pene (la famosa palanca de cuero)
Se ve que tengo la idea fija. Esto ya me da vergüenza. Otra oportunidad, por favor.

No tengo un peso
Esto me recuerda guita
Esto me recuerda a sueldo
Esto me recuerda a billetes
Esto me recuerda a cartera
Esto me recuerda bolsillos
Esto me recuerda a sequía
Esto me recuerda a lejano oeste
Esto me recuerda a pastos girando
Esto me recuerda a cowboys
Esto me recuerda a duelo
Esto me recuerda a pistola
Esto me recuerda a pene (la famosa pistola de cuero)


3 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, todos los caminos conducen a Roma (donde hay muchos penes)

BONUS TRACK
¿Qué tienen en común la alergia, el hambre, el sueño y la falta de dinero?
El cuero. El pene de cuero.

domingo, 2 de octubre de 2011

¿Somos todos pelotudos?

Un pelotudo es, básicamente, un pelotudo. Cuesta explayarse en la definición, ya que por lo general para describir a un pelotudo, sólo se usan palabras como pelotudo, pelotuda o pelotudez. Un dato interesante a tener en cuenta, es que el pelotudo, en la mayoría de los casos, se reconoce como tal. El concepto se aplica tanto a hombres como a mujeres, y hasta incluso a animales. Está científicamente comprobado que el uso de esta palabra genera adicción. Todos somos pelotudos y utilizamos esta palabra para hablar de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
Algunos ejemplos nos servirán para graficar la idea del uso repetitivo de la palabra pelotudo aplicada ilimitadamente en diferentes contextos y para fines de los más diversos.
 Importante aclaración: todos los ejemplos aquí citados están basados en hechos reales.
Situación 1
Dos amigos. Edad 45 años. Van al cine acompañados de sus mujeres. Ambos con 15 años de casados promedio. Se cruzan de frente con un hombre de unos 70 años acompañado por una joven muy bella. Diferencia de edad entre ambos: 45 años aprox.
¡Pero mirá a ese viejo pelotudo con ese terrible minón! Y nosotros, tremendos pelotudos al lado de dos bagres como estos. ¡Qué pelotudos que fuimos! ¡Con tantas minas buenas dando vueltas, nos vamos a enganchar con estas pelotudas que no paran de darnos órdenes, quejarse por todo  y decir tremendas pelotudeces! ¡Somos dos flor de pelotudos!
Situación 2
Empleada nueva pagando derecho de piso. Jefa rompe bolas que sólo tiene el cargo por acostarse con el gerente y no entiende nada , ni sabe hacer nada.
¡Qué pelotuda atómica que soy! Dejarme pisotear por este gato de oficina que no para de decir pelotudeces… No sabe hacer nada la muy pelotuda y me deja todo a mí. Pero lo que más me molesta no es eso. Es la carita de mosquita muerta que pone cuando el pelotudo del gerente anda dando vueltas. Los dos se hacen bien los pelotudos y bien que se encuentran en el telo de la vuelta en el horario del almuerzo. ¡Creen que somos todos pelotudos que no nos damos cuenta!
Situación 3
Encuentro familiar. El tío macanudo y borracho al que le gusta mucho la bebida. Por lo general, rompe algo y termina todo en discusión.
¡No le des bola! ¡No ves que es un pelotudo importante! Arruina todas las fiestas, y nosotros  como unos pelotudos seguimos invitándolo para que el otro pelotudo se emborrache y diga y haga pelotudeces. ¡Se cree vivo con lo que hace pero es un pelotudo bárbaro! A esta casa no entra más. A mí no me toman más por pelotudo.
Situación 4
Hombre de 80 años. Vive en frente de un colegio secundario junto a su esposa. A la salida del colegio, manadas de adolescentes se sientan en la vereda de su casa a charlar.
¡Mirá que hay que ser pelotudo para vestirse así! Nosotros no éramos tan pelotudos a esa edad. Lo que no entiendo es cómo no les da vergüenza a esos pedazos de pelotudos andar mostrando la raya del culo por ahí. ¡Por Dios! ¡Las pelotudeces que se ponen de moda!  Pantalones caídos mostrando los calzoncillos. ¿Qué clase de pelotudo hay que ser para usar ropa así?
2 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, una pelotuda que intenta aportar esta humilde reflexión al mundo, para que empecemos a tomar conciencia de la cantidad de pelotudeces que decimos.
EL USO INDISCRIMINADO DE LA PALABRA PELOTUDO DEBERÍA ESTAR PENADO POR LA LEY.


Dedicado al mago de altamar.

sábado, 1 de octubre de 2011

El service tan esperado

Tanto pedir que me dieran, que me dieran, que al final, un ser bondadoso se apiadó de mi alma necesitada y me dio. Sí. Ya es oficial. Me dieron.
No va a ser nada fácil borrarme esta expresión de júbilo del rostro. Tengo una sonrisa de oreja a oreja que me atraviesa la jeta de punta a punta. Es que algún día me tenía que tocar. Tanto lo deseé. Tanto lo imaginé. Tanto lo pedí, que al final, uno me dio, digo, se me dio. Me dio. Me dio por adelante, por atrás y hasta por las orejas. No dejó ángulo de mi cuerpo sin recorrer.
El tema de la desnudez en un principio me incomodó un poco. Hacia meses que no me ponía en pelotas delante de nadie. La luz tenue de la habitación ayudó a que me fuera desinhibiendo. Cuando sus manos tocaron por primera vez mi cuerpo, me estremecí por completo y no pude evitar emitir una exhalación profunda de placer. A esta altura, ya estaba jugaba. Nerviosa, sí; pero entregada al placer. Ya no me importaba lo que pudiera pensar él de mí ni de mi cuerpo desnudo. Decidí dejarme llevar por la situación, sin prejuicios y disfruta.
Fue un turno. Tan reparador. Tan simple como eso. Fue como una inyección de vida. Es increíble a veces reconocer, lo simple que puede ser, hacer feliz a una mujer. Un turnito, y ya. Soy otra. Llena de vida, de proyectos, relajada, vital, renovada, rejuvenecida, jovial… Y todo por una hora de placer. Del más exquisito néctar.
Doscientos pesos le pagué. Sí. ¿Y, qué? Doscientos pesitos ganados con el sudor de mi frente. Doscientos pesos por un service. Los doscientos pesos mejor invertidos de los últimos 8 meses por lo menos.
No lo conocía de antes. Él tampoco a mí. Todo fue convenido por teléfono. Sus datos me los pasó una amiga. Después de cómo me dejó, se ganó una clienta para toda la vida. Se los recomiendo. Se llama Hernán. El sólo hecho de escribir su nombre ya me causa escalofrío. Recuerdo sus manos y retrotraigo espiritualmente a aquel momento…
De lo único que me arrepiento es de no haberlo hecho antes. Prejuicios y habladurías populares de las que una se hace eco.
Hernán es magnífico. De verdad, se los recomiendo. Tomen nota: Dr. Hernán Hontas, quiropráctico, kinesiólogo y osteópata. Te acomoda todos los huesos. Atiende en su consultorio. Hay que solicitarle turno telefónicamente a su secretaria. No atiende por obra social. Por $200 te da con todo, pero te deja como nueva.

1 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer sin contracturas en la espalda que comienza a barajar la posibilidad de tomarse un TAXI un sábado a la noche. (Sí, un TAXI BOY)  

viernes, 30 de septiembre de 2011

Filósofos de dar y recibir








“El mundo se compone de los que dan y de los que reciben. Puede que los segundos coman mejor, pero duermen mejor los primeros.”
Lucio Anneo Séneca











“El mundo se compone de los que dan y de los que reciben. Puede que si alguna vez alguien me vuelve a dar, yo duerma mejor.” (o por lo menos más relajada)
Maria Pena




30 de septiembre de 2011 – Diario de Maria Pena, estamos hablando de amor… Por favor, no me gustaría que se malinterprete…

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD
El que lo malinterpretó que me mande un mensaje, un mail, me llame, o pase por casa. No se preocupen por la hora.
Su consulta no nos molesta.
Estamos para servirlo.
¿En qué lo puedo ayudar?
¡LLAME YA!


jueves, 29 de septiembre de 2011

Te dejo porque...

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado inmaduro e infantil.
Y él responde: ¿Infantil yo? ¡Ja, ja! Muere con mi láser, engendro alienígena. ¡Pium, pium!

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado amargado y aburrido.
Y él responde: ¿Aburrido yo? Está bien. Lo acepto. Lo de escuchar la partida de dominó por radio no fue un buen plan para el sábado a la noche…

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado fiestero e infiel.
Y él responde: ¿Infiel yo? Pero si estás a toda hora en mi mente, incluso cuando estoy durmiendo con otra.

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado egoísta y egocéntrico.
Y él responde: ¿Egocéntrico yo? ¿Yo? Si a mí me gusta como soy y estoy contento conmigo mismo, no entiendo cuál es el problema.

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado pesimista y negativo.
Y él responde: ¿Negativo yo? No. Si me das a elegir entre dos cosas malas elijo siempre las dos. Jamás digo que no a ninguna.

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado machista y ordinario.
Y él responde: ¿Ordinario yo? Ma, sí. Andate. Pero antes, sacame el polvo de ésta y no te tirés un pedo con el plumero en la mano, a ver si me disfrazás de indio.

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado fabulador y mentiroso.
Y él responde: ¿Mentiroso yo? Te juro por Papá Noel que lo de abducción fue cierto. ¿Por qué lo inventaría?

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado tonto e inservible.
Y él responde: ¿Inservible yo? Disculpame, por lo menos sirvo de mal ejemplo.

Ella le dice: Te dejo porque sos demasiado chamuyero y cobarde.
Y él responde: ¿Cobarde yo? Pero si con mi esposa estamos separados. Sólo que seguimos viviendo bajo el mismo techo. No la puedo dejar por mis hijos. No quiero dañarlos psicológicamente. Además, ella los usaría como botín y me privaría de verlos. Acordate también que ella está enferma, es alcohólica, depresivo maníaca y está loca. Si la dejo se suicida o me mata….

29 de septiembre de 2011 – Diario de Maria Pena, lo dejé por infantil, aburrido, infiel, egocéntrico, negativo, ordinario, mentiroso, inservible y cobarde. ¡Qué alivio!

¡Gracias nuevamente M.S.!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Es el fin de una historia que va camino a mi fábrica de memorias…

¡Cuánto cuesta despedirse de una ilusión! Duele despegarse de un sueño. Porque a pesar de que uno internamente siempre sabe cuando algo es o no es, la esperanza de cambio jamás se pierde. Se vive como una realidad paralela, como una utopía de que todo finalmente se encamine y florezca.
Lo curioso es que ya ni siquiera me produce nostalgia escribir sobre él. El tiempo y la distancia siembran sabiduría, y por lo general, aportan una nueva y renovada visión de las cosas. No siento añoranza, por el contrario, siento calma. Tengo la sensación de haberme quitado un peso de encima. Es increíble. En mis más oscuras y encriptadas horas, jamás imaginé que el sentimiento que acompañaría su ausencia sería el alivio. Supuse que su paso al recuerdo se daría con palabras como nuevo aprendizaje, aceptación de la realidad, dolor, o hasta incluso  olvido. Lo que jamás me imaginé, es que el cierre definitivo de esta relación sería con una sensación de paz profunda y calma interior.
Cuesta…  Y mucho. Por lo menos a mí me costó muchísimo darme cuenta de que ningún milagro ocurriría.
Él me sigue llamando. Hace más de  8 meses que yo no lo atiendo. En todo este tiempo pasé por 3 etapas principales que hoy, a la distancia, puedo analizar:
Mi primer adiós
Después de una discusión, un día de verano, tomé la decisión de terminar con mi relación. En esta etapa, de dolor y sentimientos en carne viva, fueron recurrentes las veces que mordí el anzuelo. Estaba ausente de mi vida. Dispersa. Asfixiada. Intentaba  no dejarme convencer  con sus argumentos de cabotaje, pero debo admitir que de 5 intentos, en 1 aceptaba volver a verlo. Por otro lado, intentaba también persuadir a los demás de que yo estaba mejorando, mostrándoles una fortaleza  de la que,  en realidad, carecía. La cantidad de veces que les dije y me dije “Ya fue” “Estoy mucho mejor” “Ya pasó, todo terminó; esta vez, de verdad” “No lo quiero  ver nunca más” fueron incontables. Eran todos intentos fallidos, mentiras impotentes. El vínculo con él era urgente para mí, doloroso, vigente y adictivo. Era imposible retener el caudal de desconcierto que me abrumaba. Compartía mi tristeza con quien estuviera cerca de mío, con quien me escuchara. Estaba completamente desbordada.
Inducida por su accionar, fui yo la que dije basta. Esto me pesaba. Me generaba una gran culpa e  impotencia. Él nunca me pidió que yo me fuera.  Jamás entendí qué lugar ocupaba en su vida, pero sabía con seguridad, que no era el mismo que él ocupaba en la mía. Todo era vacío, angustia, tristeza profunda, depresión.
Sabía que debía ponerme bien pero no sabía cómo. No quería olvidarlo pero reconocía  que debía hacerlo.
Mi segundo adiós
La segunda etapa fue la de la fuerza de voluntad y el dolor en silencio. Decir no y tener que sostenerlo día tras día es una experiencia demoledora. El momento profundo de desestabilización ya había mermado pero igualmente yo seguía ligada a él, es decir, el dolor seguía presente. Cada llamado no contestado o cada mensaje borrado eran puñaladas. Una dualidad hiriente. Sin embargo, había logrado separarlo de mi rutina mental y me sentía orgullosa de eso. Ya no estaba estancada en el pasado o en lo que no había ocurrido; tampoco vivía imaginando un futuro perfecto, idealizando sus actitudes  y excusándolo de todo, como en la etapa anterior. No obstante, seguía atada a él. Su recuerdo era el protagonista de todos mis pensamientos. Deseaba que volviera a buscarme, que se produjera en él un cambio profundo y que todo se diera como  para poder volver a empezar. Por otro lado, ya había aprendido a bancármela sola. El desborde emocional había pasado. Ya no tenía la necesidad de convencer a nadie de que yo estaba decidida estar mejor. Había empezado a olvidarlo aunque aun me dolía…
Quería ponerme bien. Era un hecho.

Mi tercer adiós
La tercera etapa es la de mi reinvención y paz interior. Es el momento por el que ahora transito. Miro hacia atrás y comprendo, desde el más primitivo instinto de supervivencia, que estar juntos era imposible. Hubiera hecho cualquier cosa por conservarlo a mi lado, y esa incondicionalidad de vínculo hoy me resulta ridícula. Todo era parte de un gran absurdo. Una obsesión. Él no era a quien yo necesitaba. Menos mal que todo terminó. Me siento aliviada. La incompatibilidad era innegable, y mi capacidad de ceder ilimitada. Hubiera fingido que era feliz, sólo por estar a su lado, pero el precio de conservarlo, nada tenía que ver con mi verdadera felicidad…
Estoy de vuelta. Entera. Pude perdonarme. Pude perdonarlo. Me alivia que todo haya terminado.

28 de septiembre de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer que hoy camina más liviana.
Es el fin de una historia que se ha convertido en memoria…