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miércoles, 7 de diciembre de 2011

El príncipe azul




No existe mujer que no haya esperado, en algún momento de su vida, la llegada del príncipe azul; como tampoco existe mujer que no se haya decepcionado durante dicha espera. A su vez, todas, después de insistir en la búsqueda a pesar de los fracasos, un día, se dan cuenta de que ese ser soñado jamás vendrá a buscarlas.
 “EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE”.
“EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE”.
“EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE”.
“EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE”.
“EL PRÍNCIPE AZUL NO EXISTE”.
Y esta frase se transforma en un mantra que acompaña el desengaño y la desilusión. Un consuelo que intenta evitar ilusionarse con falsas expectativas.  Un desahogo que permite tener los pies sobre la tierra. Un sosiego para impedir vivir imaginando imposibles…
¡Basta! Me Cansé. Ha llegado la hora de desmitificar tantas habladurías. Mujeres del mundo, creo estar en condiciones de afirmar que el príncipe azul sí existe.

07 de noviembre de 2011 – Diario de Maria Pena, el príncipe azul existe, lo que sí, no es como me lo imaginaba…

viernes, 14 de octubre de 2011

Cuenta pendiente

Una cuenta pendiente puede convertirse en daga filosa. En puñal que se clava bien profundo, una y otra vez, para recordarnos que está ahí… Como algo inconcluso, a medio terminar, que tortura por dentro.
Un asunto sin resolver es un recordatorio constante de que algo está mal, de que algo quiere salir pero no puede… Algo que debe terminar pero agoniza porque se lo retiene.
Una cuestión sin terminar es un fantasma, que no es pasado ni tampoco presente. Es algo atrapado en un estadío intermedio, que sólo sirve para engendrar culpa y desconsuelo.
Una situación incompleta genera dolor. Quedarse a medio camino es sinónimo de fracaso, pero sobre todo de sufrimiento. Es un angustioso padecimiento sin final acabado.
Sos mi gran cuenta pendiente, mi asunto complicado sin resolver, mi cuestión sin terminar, mi tortura, mi situación incompleta plasmada en un profundo malestar interno. Sos ese dolor que no me deja ver más allá. Es que, desde ayer a la noche, tengo un pedo atravesado en la panza que me está matando. Una puntada dolorosa en el abdomen que cuando salga, estoy segura que se cobra alguna víctima...

14 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer con algunos temitas que quedaron a medio camino intestinal y que hoy son dagas que se clavan en su pecho, amenazantes y peligrosas.

sábado, 1 de octubre de 2011

El service tan esperado

Tanto pedir que me dieran, que me dieran, que al final, un ser bondadoso se apiadó de mi alma necesitada y me dio. Sí. Ya es oficial. Me dieron.
No va a ser nada fácil borrarme esta expresión de júbilo del rostro. Tengo una sonrisa de oreja a oreja que me atraviesa la jeta de punta a punta. Es que algún día me tenía que tocar. Tanto lo deseé. Tanto lo imaginé. Tanto lo pedí, que al final, uno me dio, digo, se me dio. Me dio. Me dio por adelante, por atrás y hasta por las orejas. No dejó ángulo de mi cuerpo sin recorrer.
El tema de la desnudez en un principio me incomodó un poco. Hacia meses que no me ponía en pelotas delante de nadie. La luz tenue de la habitación ayudó a que me fuera desinhibiendo. Cuando sus manos tocaron por primera vez mi cuerpo, me estremecí por completo y no pude evitar emitir una exhalación profunda de placer. A esta altura, ya estaba jugaba. Nerviosa, sí; pero entregada al placer. Ya no me importaba lo que pudiera pensar él de mí ni de mi cuerpo desnudo. Decidí dejarme llevar por la situación, sin prejuicios y disfruta.
Fue un turno. Tan reparador. Tan simple como eso. Fue como una inyección de vida. Es increíble a veces reconocer, lo simple que puede ser, hacer feliz a una mujer. Un turnito, y ya. Soy otra. Llena de vida, de proyectos, relajada, vital, renovada, rejuvenecida, jovial… Y todo por una hora de placer. Del más exquisito néctar.
Doscientos pesos le pagué. Sí. ¿Y, qué? Doscientos pesitos ganados con el sudor de mi frente. Doscientos pesos por un service. Los doscientos pesos mejor invertidos de los últimos 8 meses por lo menos.
No lo conocía de antes. Él tampoco a mí. Todo fue convenido por teléfono. Sus datos me los pasó una amiga. Después de cómo me dejó, se ganó una clienta para toda la vida. Se los recomiendo. Se llama Hernán. El sólo hecho de escribir su nombre ya me causa escalofrío. Recuerdo sus manos y retrotraigo espiritualmente a aquel momento…
De lo único que me arrepiento es de no haberlo hecho antes. Prejuicios y habladurías populares de las que una se hace eco.
Hernán es magnífico. De verdad, se los recomiendo. Tomen nota: Dr. Hernán Hontas, quiropráctico, kinesiólogo y osteópata. Te acomoda todos los huesos. Atiende en su consultorio. Hay que solicitarle turno telefónicamente a su secretaria. No atiende por obra social. Por $200 te da con todo, pero te deja como nueva.

1 de octubre de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer sin contracturas en la espalda que comienza a barajar la posibilidad de tomarse un TAXI un sábado a la noche. (Sí, un TAXI BOY)  

viernes, 16 de septiembre de 2011

Estoy atada a ti

Estoy atada a ti. Enlazada a tu presencia. Con una necesidad constante de contacto, de sentirte cerca. Porque es esa unión de nuestros cuerpos la que ansío cada segundo. Todo el tiempo, la deseo. Me embriaga tu presencia. Me urge tenerte conmigo, apoderarme de ti y que tú hagas lo mismo conmigo. ¡Bendita  hipnosis de placer en la que me sumerjo cada noche! ¡Sagrado apetito voraz de comunión entre dos almas es el que vibra en cada uno de nuestros encuentros! Dos cuerpos que se fusionan, se mimetizan. Uno, el mío; tibio, urgente, ondulante e inquieto. Otro, el tuyo; calmo, pasivo, rígido e inmóvil. Estoy atada a ti. Más bien, estoy pegada a ti. Pegada a MI COLCHON. Cada mañana es una tortura levantarme para ir a laburar…

16 de septiembre de 2011 – Diario de Maria Pena, mi sangre y tus resortes, mi piel y tu tela, mi redondez y tu cuadratura… Estamos hechos el uno para el otro…
BONUS TRACK: Aprovechando este ataque de castellano neutro, de tanto “tú” y “ti”, aprovecho la oportunidad para aclarar que me he comido un emparedado que guardé en el refrigerador de la oficina. ¡Estaba exquisito! Además, en la nevera guardo también mi malteada, un par de plátanos y media porción de pastel de fresas. La goma de mascar la tengo en el aparador. En la oficina no hay alcoba, porque de haberla, ya me hubiera desprendido el sostén y arrojado sobre las cobijas sin mucho platicar con mi jefe. Pensar en recostarme me trajo tu recuerdo… ¡Ya! Me tomo el elevador, bajo hasta la acera y subo al autobús. ¡Qué ganas de estar en mi recámara contigo, recostada sobre ti escribiendo en mi ordenador! Tú, mi amante nocturno, MI AMANTE COLCHÓN.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Se me cerró

Se me cerró. Y, sí. Después de mucho tiempo de tenerla en desuso, se me obstruyó la entrada. Se me cerró el buraco. Se me tapó el agujero. Como si fuera una especie de cauterización natural de mi propio cuerpo.
Poco y nada estaba entrando últimamente por aquella zona abandonada, así que, casi por voluntad propia, la misma decidió poner un punto final a su etapa activa y autoclausurarse.
Fue la falta de uso, sin duda, la que hizo estragos. El área de ingreso fue lentamente estrechándose hasta constreñirse por completo. Hoy, ya no hay retorno. Se me cerró, y punto.
Lamento profundamente que esto ocurriera. ¡Tantas alegrías que me dio! ¡Tantos hermosos e inolvidables recuerdos! ¡Éramos tan jóvenes! Igualmente, no creo que el mundo note su cierre. Nadie excepto yo, la va a extrañar. Últimamente mis manos eran las únicas que andaban por allí.
Cuando algo se termina o se cierra, nunca mejor utilizado el término, es inevitable navegar por mares de añoranza y melancolía por lo que se ha ido…
Recuerdo aquella primera vez, como si fuera hoy. La clásica frase “Tranquila, relájate, confiá en mí, no te va a doler…” Mi cara de pánico. La rigidez de mi cuerpo. Tenía tan sólo 16 añitos. Toda una inexperta. Dulce, virginal, titubeante… Dolió. Sí. La primera vez siempre duele. Y sangró un poco, también. Debo admitir que no lo disfruté en absoluto. Sin embargo, con el paso del tiempo, hacerlo se tornó algo natural y placentero.  Al principio era todo parte de un ritual parsimonioso, cuidando las formas y evitando movimientos abruptos o violentos en cada penetración. Pero no hizo falta que pasara demasiado tiempo para que cada acto se volviera agradable, y hacerlo, parte de mi cotidianeidad.
Hoy, todo ello forma parte del pasado. Hoy, se me cerró y dudo que se vuelva a abrir. Estoy sola, sin pareja, y no me avergüenza decir: “Se me cerró el agujerito. El que me hice en la oreja, a los 16. Hacía años que no usaba la perlita de plata que me regaló mi abuela, y hoy, ese abandono se traduce en su cierre natural; en un adiós para siempre.”
4 de septiembre de 2011 – Diario de Maria Pena, por las dudas, hoy mismo me pego una buena plumereada en la cachufleta. ¡No vaya a ser cosa que se me cierre también!
¡Aguante el agujerito!

viernes, 19 de agosto de 2011

¡Qué buena noche!

¡Qué buena noche! Hacía muuucho tiempo que no pasaba una noche así. Creo que me la estaba mereciendo. Decir que la estaba necesitando, es una obviedad, y hasta suena grosero. Insinuar que es meritorio, queda mejor.
Si tuviera que poner un puntaje, sin lugar a dudas, sería un diez. Simplemente, inigualable. Distinto a todo lo conocido. Una experiencia de unión corporal y espiritual casi mística…
Escuché decir muchas veces que el tamaño no importa. ¡Mentira! Hoy, puedo confirmar con toda seguridad que cuanto más sea grande, mejor. ¡Más se disfruta! ¡Y este sí que era grande! ¡Enorme! Me satisfizo por completo. Lo disfruté al máximo y lo curioso es que, además, me sentí muy cómoda. Pude relajarme… Tanto es así, que hoy no me podía levantar. ¡Cómo me costó venir a laburar! Obviamente, yo no estoy acostumbrada a pasar noches así. Tan intensas.
¿Cómo se hace para volver a la realidad? ¿Cómo hago para concentrarme en mis obligaciones después de semejante experiencia religiosa? Tengo su recuerdo grabado por toda mi piel. Mis pies, mis piernas, mis glúteos, mi espalda, mis brazos, mi cuello, mi rostro. Me recorrió por completo dejando su rastro y su perfume impregnado en mi piel… Sentí por primera vez que moría y volvía a nacer en una sola noche.
¡Quiero más! ¡Mucho más! No me alcanza con sólo esto. Quiero atravesar por esa sensación todas las noches de mi vida por el resto de mi vida. Entiendo que es una actitud completamente exagerada y egoísta, pero soy así. Me entrego al placer de una noche y esa sensación se me vuelve adictiva. Soy pasional, extremista y obsesiva, lo sé. Por eso, hoy, lo dejé encerrado. Sí, encerrado en mi habitación. Me fui muy temprano esta mañana, como todos los días, y para que no huyera despavorido, me moví de forma sigilosa y en penumbras para que no me escuchara. Antes de irme, lo miré, lo besé, lo tapé y me despedí poniéndole llave a la puerta del dormitorio. Sé que lo que hice no está bien. Entiendo, que puedo ser acusada de secuestro y privación ilegítima de la libertad, pero no me importa. No lo voy a dejar ir. Bajo ningún punto de vista. Él es mío y no le voy a permitir que huya, como lo hicieron tantos otros después de la primera noche…
No veo la hora de volver a casa para abalanzarme sobre él. Sentirlo. Revolcarme por su cuerpo. Lo amo. Sí, lo amo. Amo a mi nuevo colchón y sommier de 2x2m. El más grande y duradero de todos. Compañía y placer para todas las noches de mi vida…


19 de agosto de 2011 – Diario de Maria Pena, por lo menos tengo diez años garantizados a su lado, ¡más del doble de lo que duré con cualquiera de mis ex parejas!

martes, 21 de junio de 2011

Conocí a alguien...

Ayer conocí a alguien. Alguien distinto. Ya nos habíamos visto un par de veces antes, pero yo no me decidía.
Hoy, creo que la teoría de Albert Einstein es cierta. “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.” Y yo siempre insistí, cometiendo los mismos errores una y otra vez. Me vivo quejando de mi falta de suerte pero jamás me atreví a buscar nada nuevo.
Ya, basta. Uno forja su propio destino y debe asumir las consecuencias de las buenas y malas elecciones que toma a lo largo de su vida.
Creo que ayer por primera vez, me animé a algo nuevo. Cruzo los dedos antes de seguir escribiendo, ya que hasta ahora, viene todo viento en popa.
La noche fue inolvidable. Cenamos juntos en mi casa. Me besó toda la noche mientras me colmaba con su mirada dulce y penetrante.
Reconozco que es muy difícil ser objetiva cuando una se enamora, pero creo que esta vez, la química entre ambos existió de verdad. Nos conectamos de una forma diferente. Jamás me había pasado algo así. Hasta me atrevo a decir, aunque suene apresurado, que esta vez es para siempre. Tengo la sensación de haber encontrado una unión para toda la vida, un “hasta que la muerte nos separe”.
Me cuesta mucho ser imparcial.
Reconozco que esto es un sueño hecho realidad, pero él no es perfecto. Debo aceptar que al verlo desnudo, me impresionó un poco su cuerpo peludo. Pero bueno, ¡con la de defectos que me tuve que aguantar, un par de pelos de más no es nada! Estoy enamorada, pero no ciega…
Hoy ya lo extraño. No puedo esperar hasta volver a casa para verlo. Seguramente me va a estar esperando con algo especial. Una sorpresa. Una calurosa bienvenida.
Lo amo y se lo digo. Sin temor a que huya despavorido.
Dulzura. Protección. Fidelidad.
Los pilares fundamentales de cualquier relación que uno proyecta como estable…
Pipo y María. FOREVER.
¡Gracias mamá por insistirme en que me compre este adorable cachorro de Yorkshire para mitigar mi soledad!
Einstein tenía razón: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”

21 de junio de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer sola que se compró un perro. ¡Cartón lleno!