domingo, 15 de mayo de 2011

El Ave Fènix

El ave Fénix es un ave mitológica del tamaño de un águila de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Se trata de un ave fabulosa que se consume por acción del fuego para luego resurgir de sus cenizas. Muere cada 500 años para renacer con toda su gloria.
Hoy me propuse resurgir de mis propias cenizas, como lo hizo este pájaro sagrado. Pero, con lo fea que me siento, creo que si volviera a nacer, en lugar de darme una palmadita en la espalda, el médico me pondría delante de un espejo para que vea mi propia cara y llore solita.

15 de mayo de 2011 - Diario de Maria Pena, pajarraco feo y desplumado

sábado, 14 de mayo de 2011

Utilísima, te cambia la vida


Hoy me levanté renovada y con mucha energía. La famosa frase “Sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo” me hacía ruido en la cabeza. Fui al supermercado, llamé a una amiga para invitarla a almorzar y me puse a ordenar y limpiar mi casa. Apenas mi amiga llegó, le pedí que se sentara. Tenía algo muy importante que confesarle. Para no alarmarla, le aclaré que embarazada no estaba. Eso descartaba que nada grave me hubiera ocurrido. Me hizo caso sumiso.  La miré a los ojos y sonriendo le confesé:”Necesito un cambio en mi vida. Quiero dedicarme a ser ama de casa”. Ella se agarró fuerte de la silla, evitando resbalarse, ya que estaba a punto de sufrir un soponcio.  El color de su cara cambió de repente. No sabía si creerme o comenzar a reírse.

-          Para estrenar esta nueva etapa en mi vida, acabo de ir al supermercado y me compré una tostadora, entre otras cosas  – le dije.
Ella se mantenía absorta. Sin prestarme demasiada atención me propuso tomar un té. Su intención era claramente cambiar el tema de la conversación. Pero yo, insistente en mi nueva postura, añadí:
-          Sí. Tengo ganas de dedicarme a mi casa. Renovar la cocina, comprarme electrodomésticos nuevos, tener la casa impecable, cambiar las cortinas del comedor...
Ella simplemente me miraba. Su propuesta de tomar un tecito había quedado en el olvido. Yo entendía perfectamente lo que le pasaba. Ella no me imaginaba cortando morrones en julianas,  ni metiendo mezclas en la multiprocesadora; menos cosiendo unas cortinas nuevas ni arrodillada en el baño con guantes de látex limpiando enérgicamente el inodoro. Claramente se notaba que mi gran confidente de toda la vida no sabía si estallar de risa o llorar. Ella me conoce más que nadie en el mundo y sabe perfectamente que yo no tengo término medio.
Me levanté rápidamente, fui hasta la cocina y traje todo lo que había comprado en mi visita al súper: la reluciente tostadora, un arsenal de productos de limpieza que bien no sabía para qué servían y un set completo de indumentaria para el chef que vi de oferta en el supermercado. Ella había enmudecido por completo. Mi entusiasmo inicial era desbordante. Le confesé que me sentía como una primeriza. Claro, mi casa siempre es un caos. Limpio lo justo y necesario, la pila de ropa para lavar siempre supera el metro y medio y lo máximo que me he animado a cocinar desde que vivo sola es un huevo frito y milanesas de soja con ensalada.
Me sentía exultante. Atolondrada y verborrágica, continué explicándole que deseaba hacer un curso de feng shui para equilibrar el ying y el yang en lo que sería mi nuevo hogar, además de algún curso de comida mediterránea.
Mi inminente mutación en un ser doméstico, ahuyentó a mi amiga que fingió haber olvidado algo en el fuego y huyó por miedo a que fuera contagioso.
Yo estaba embalada. Imperturbable y entusiasta, la despedí con un beso y en seguida me puse a correr algunos muebles para limpiar lo que para mí era tierra de nadie; lugares aun inexplorados de mi propio departamento. Mientras limpiaba puse el agua para tomarme unos mates y enchufé la tostadora para estrenarla.
Me imaginaba la casa reluciente y me esmeraba por hacer las cosas lo mejor que podía. Para lograr una limpieza más profunda, mezclé en un balde: agua, detergente especial con desengrasante y lavandina. Inmediatamente del  recipiente comenzó a salir un gas tóxico. Ácido que inhalé y al que ahora, después de que me tuvieran que llevar al médico de urgencia, puedo asegurar que soy alérgica. Para comenzar a narrarles el rosario de penurias que vino después, les cuento que el líquido del balde se derramó y arruiné jean nuevo que tenía puesto. El pan quedó trabado en la tostadora que nunca cortó el calor y terminó prendiendo fuego el cable y explotando el enchufe. Por suerte, mi vecina ya estaba allí y evitó el incendio.  En la guardia del hospital me dieron un broncodilatador inyectable y oxígeno.
Si éstas son las consecuencias de un día dedicado al hogar, no me imagino los riesgos a los que me someteré si me dedico a ser una ama de casa full time…

14 de mayo de 2011 – Diario  de Maria Pena, más que ama de casa, AMA DEL CAOS

viernes, 13 de mayo de 2011

La devaluación

Friedrich Nietzsche fue filósofo, poeta, músico y filólogo. Fue considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.
Su frase “La valía de un hombre se mide por la cantidad de soledad que le es posible soportar” me lleva a la siguiente reflexión: “Si mi valía está medida por la cantidad de soledad que vengo soportando día tras día de mi vida de manera ininterrumpida… ¡Atención, por favor! ¡Están ustedes frente a la mujer más valiosa del mundo!
¡Y pensar que yo creía que el valor que le daba un hombre a una mujer se medía por el tamaño de las tetas que tenía!
Ya tomé la decisión. Postergo las lolas hasta el año que viene, me ahorro la guita y sigo sola un par de meses más, eso me da un valor agregado INVALUABLE…

13 de mayo de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer sola y devaluada.

Filósofos de la risa





"El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa." Friedrich Nietzsche




 




"La mujer sufre tan terriblemente en el mundo a causa del hombre que se ha visto obligada a inventar un blog para reirse de ella misma." Maria Pena






12 de mayo de 2011 - Diario de Maria Pena, ¡un cago de risa!

Un buen comienzo

Mi hermana mayor, que vive en Italia, me llamó hoy por la mañana. Estaba preocupada por mi estado nauseabundo y diarreico. Hablamos más de una hora. En los primeros 30 minutos le describí minuciosamente cómo habían sido estos últimos 10 días de “mierda”, literalmente hablando. Después, comenzamos a charlar de las superficialidades cotidianas e intercambiamos qué era lo que había ocurrido en el transcurso de nuestras mañanas del día de hoy.
Ella me contó que se levantó temprano, junto a su marido. Se dio una ducha y preparó el desayuno para dos. Un riquísimo capuccino italiano, 2 huevos, panceta y pan tostado. Despidió a su esposo con un dulce beso desde la puerta de su casa frente al Lago Di Como. Luego, la visitó su esteticista. Su cónyuge le había regalado un tratamiento con unas cremas nuevas carísimas que la harían ver 5 años menor en poco tiempo. La señora que la ayuda en la casa llegó justo cuando su tratamiento de estética había terminado; entonces, ella pudo dejar a su mucama a cargo de los quehaceres de la casa para irse al gimnasio en su Porsche. De ahí, se fue a tomar clases de arquería con un profesor que vivió en la India que le habían recomendado para bajar su nivel de stress. Al volver a su casa, miró su agenda e hizo varios llamados telefónicos, entre ellos, el de su hermana tercermundista con gastroenterolocolitis aguda.
Yo también le conté mi rutina matutina. Empecé explicándole que no pude levantarme de la cama porque siento que un tanque de guerra hizo marcha atrás varias veces sobre mi cuerpo para asegurarse de no dejar ninguna parte sana. También le dije que hace 3 días que tengo puesto el mismo pijama mugriento y que ni pienso pasar por la ducha porque ya lo siento parte de mi piel. Como no poseo a nadie durmiendo a mi lado, no disfruté de despedidas por la mañana, ni besos, ni caricias. Me conformé mirando durante un largo rato la hermosa vista que tengo desde mi departamento. La pared descascarada del edificio de al lado. Como pude, me preparé un té chino con edulcorante como desayuno. Ni panceta, ni pan tostado y de huevos ¡ni hablar! De haber sido hombre, por lo menos, hubiera tenido el placer de rascármelos un rato. Ni siquiera eso. Más que cremas, sentía la necesidad de colocarme ácido sulfúrico en la cara para pensar en algún tipo de reconstrucción facial directamente. En 10 días envejecí más de 10 años. Le expliqué que mi vida es un completo caos y el desorden de mi casa es infernal. También le expresé que me sentía sola como un hongo y que en toda mañana no había sonado ni una puta vez mi celular, ni siquiera para un mensaje con una promoción de Movistar; sólo sonó cuando me llamó ella. Por último, le resumí mi estado de ánimo diciéndole que las únicas clases que me hubiera gustado tomar esta mañana eran las de cómo volarme los sesos con una flecha de los indios tehuelches.

11 de mayo de 2011 – Diario de Maria Pena “¡La puta, que vale la pena estar vivo!”

martes, 10 de mayo de 2011

El problema es la indecisión

Después de más de una semana en cama, me animo a decir que hay vida después de la gastroenterocolitis aguda...
Muchas anécdotas me quedaron de estos 9 días de agonía intestinal, pero la más cómica de todas tiene que ver con el día en que me vino a cuidar mi adorable hermanito menor. Vómitos, colitis, retorcijones, estado emocional deplorable y mi bendito hermano con su "humor inteligente" que me viene a dar una mano.
Mi cara demacrada, más que una cirugía pedía un trasplante.
Sin remedio que me hiciera efecto, vuelvo a llamar a mi médico para que me atendiera a domicilio. Tres horas después estaba en mi casa. Apenas lo veo le explico que aparte del dolor de panza, las nauseas y la diarrea de los últimos 6 días, ahora también tengo acidez; una sensación de que algo me sube del estómago hasta cuello todo el tiempo, sube y baja, sube y baja.
Mi clínico me escuchó atentamente, me revisó y me pidió que me pusiera boca abajo para darme una inyección que pusiera fin a mi pesar gástrico. Me dejó una nueva lista de medicamentos para comprar en la farmacia y se despidió cortésmente, señalando una vez más, que cualquier cosa nueva lo llamara.
Mi hermano lo acompañó hasta la puerta. Cuando volvió a la habitación le pregunté preocupada si mientras el médico me estaba dando el inyectable se había escuchado u olido el pedo que me tiré al ponerme de espalda.
Mi hermano se empezó a reír y me dijo:
-         Yo no escuché ni olí nada. ¡Menos mal! Y por suerte, ya está todo solucionado entonces.
Lo miré sorprendida.
-         ¿Lo decís por la inyección? – le pregunté.
-         No precisamente. Ya no hay más  duda. Lo que tenías era un pedo indeciso. Con la cara de culo que tenés hace varios días, el pobre no sabía por dónde salir. Anduvo dando vueltas por tu cuerpo y finalmente se decidió a emerger por el lugar correcto. Estás salvada. La gastritis ha empezado a mermar. Era sólo cuestión de tomar la decisión correcta.

10 de mayo de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer de tripas indecisas…

viernes, 29 de abril de 2011

Metamorfosis


Varias veces me sentí igual que un insecto.
Por momentos…
Luminosa como un bichito de luz, hermosa como una vaquita de San Antonio, musical como un grillo, libre como una libélula…
Pero también…
Fea como un bicho canasto, desagradable como una cucaracha, insignificante como un piojo, densa como una mosca, aplastada como un mosquito,  atrapada como un gusano, cobarde como bicho bolita, pegajosa como una babosa, peligrosa como el dengue, deforme como el bicho palo, negreada como hormiga obrera, ciega como una lombriz, engañada como a un cascarudo…
De todas estas metamorfosis me quedo con la de la niña del video… Quiero ser abeja y animarme a volar como lo hizo ella… 
                                                                     
29 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena. ¡Kafka un poroto al lado mío!

miércoles, 27 de abril de 2011

Preparen, apunten, ¡fuego!

Es inevitable para mí mostrarme desde adentro. Mi esencia me permite dejar al descubierto mi interior y que fluya…
¡Nunca mejor usada una frase para comenzar un relato! Esa imagen de mi interior brotando cual manantial caudaloso…
Tarde fresca de verano. Como no teníamos un peso, el destino elegido para nuestras vacaciones fue el Delta del Tigre en carpa. Picaduras de todo tipo de insectos. Barro desagradable entre los dedos de los pies. Olor a podrido en la ropa, en el cuerpo y en el pelo. Insomnio causado por la combinación de incomodidad, calor, humedad, ruidos y música. Sarpullido y picazón. El panorama no era muy alentador…
Primeras y únicas vacaciones con el que fue mi tercer ex novio.
Segundo mes juntos.
Tercera noche sin dormir bien.
Cuarto día en el delta sin poder relajar los intestinos (una forma delicada de decir que ni en pedo iba a poder cagar en esos vestuarios mugrientos)
Aburrimiento al por mayor. Abundaba la tranquilidad. De tanta pasividad ya me había empezado a estresar. Sin nada para hacer, me fui a la carpa para intentar dormir una siesta. Quería aprovechar esa brisa fresca que soplaba por primera vez desde que habíamos armado campamento. Después de un rato en aquel habitáculo de tela sintética logré relajarme. Estaba muerta. Lo máximo que había logrado dormir eran 3 horas seguidas la noche anterior. El cansancio me venció. Me dormí profundamente. Logré aflojarme. Tan, pero tan relajada estaba que sólo logré despertarme a causa de un ruido ensordecedor que ocurrió a centímetros de donde me encontraba. Fue un terrible pedo metralleta que me gatilló el orto. Una bulliciosa flatulencia.  Una vivaz ventosidad. Un escandaloso viento salido del ano. Una ametralladora con fragancia a culo. ¡Era lógico! Cuatro días comiendo comida chatarra y sin poder destapar las cañerías. ¡El descorche fue estridente! Lo primero que pensé fue “¡Ojalá que no lo haya escuchado nadie!” Rogué que todos los acampantes estuvieran lejos del lugar donde se había producido la fuga de gas…
El olor era insoportable. Nauseabundo. Me levanté sobresaltada y con la necesidad imperiosa de tomar una bocanada de aire puro que me permitiera respirar. El oxígeno escaseaba. Sólo se inhalaba hediondez. Al abalanzarme hacia la entrada de la carpa vi el cuerpo de mi ex recostado en la otra punta del iglú mirándome pasmado. Ahí recién caí que no había estado sola al momento de la detonación intestinal. Él parecía inmóvil. Como si el tufo y el ruido lo hubieran dejado perplejo y casi sordo después de la explosión.
Situación irremontable a la que me enfrentaba. No había a quien echarle la culpa, no había forma de intentar disipar el olor, ya nada podía hacerse…
Ni siquiera el mejor par de tapones para oídos, ni la más sofisticada mascarilla antigas hubieran servido. El daño ya estaba hecho…
Esa misma tarde decidimos volver a casa. En la lancha colectivo de regreso, él ya había decidido dejarme… Había resuelto no exponerse a nuevos peligros. Soldado que huye, sirve para otra batalla. Se consideraba un sobreviviente…

27 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer de ciudad fanática del Activia.

martes, 26 de abril de 2011

Aprender y entender

“En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.”
Hermosa frase de Marie von Ebner-Eschenbach que me lleva a una sensata reflexión: “Lo único que aprendí a lo largo de mi vida y ahora entiendo es que soy demasiado joven para tener más de treinta años.”

26 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer que aprendió y ahora entiende…

domingo, 24 de abril de 2011

¿Cómo estás tanto tiempo?

“¡No vas a lograr desestabilizarme emocionalmente una vez más, maldito cretino!” Pienso cada vez que mi ex reaparece, pero inmediatamente después, caigo a sus pies como un estúpido chorlito…
A ver, levante la mano quien no tiene en su haber un ex que se haya comportado como un gusano, sádico y pervertido; un ex que te haya seducido y abandonado. Ninguna. Bueno, como era de esperar, no existe mujer que esté exenta de esta adorable experiencia afectivo-destructiva. Los famosos HIJOS DE PUTA.
Ahora, a ver, levante la mano quien recibió un mensaje de su ex diciendo “Hola, sé que tal vez no debería escribirte, pero sólo quiero saber cómo estás.” Irónico, ¿no? Todas. Veo infinidad de manos que se alzan al aire deseosas de compartir sus experiencias.
Estadísticamente, dicen que quien recibe este encantador mensajito es la persona abandonada, dejada, renunciada, resignada, apartada, cedida, desertada, plantada, desistida, depuesta, desmantelada, vaciada… En fin, mi estado natural…
Bien, mi pregunta entonces es: “¿Qué mierda busca un hombre al enviar este mensaje?”
Me imagino miles de posibles respuestas como “cagarte la vida una vez más”, “inflarte soberanamente los ovarios hasta verlos estallar en mil pedacitos” y “pisotearte tu patética existencia destruyendo nuevamente tu devaluada autoestima”.
De lo que sí estoy segura es que lo que menos quiere o necesita ese despreciable protozoario es “saber cómo estoy”.
Buscando explicaciones menos sacadas, también puedo encontrar estos significados:
“Quiere saber si sigo sufriendo por su amor, si sigo enganchada con su recuerdo.”
“No se banca que ya no esté pensando en él.”
“No esperaba que yo dejara de rogarle y lo olvidara.”
“No quiere volver, pero quiere tenerme cerca.”
En fin, lo único que busca es desarrollar una vez más el arte de arruinarme la vida. Pero como soy una lastimosa desdichada alma en pena, siempre caigo en la misma trampa. Muerdo el anzuelo cual eterna devota de la falta de razonamiento a la hora de las cuestiones del corazón. Fanática de la propia humillación y eterna reincidente en los fracasos amorosos respondo: “Extrañándote… pienso en vos todo el tiempo. ¿Nos vemos?”
Como respuesta recibo, casi de forma inmediata un “no te confundas, yo no quiero volver, sólo quería saber cómo estabas” o la conversación vía mensaje de texto se termina abruptamente y no recibo más señales de él.
Como para ir cerrando este apasionante tema, me gustaría dejarles una última reflexión: ¿Es el hombre por esencia o naturaleza de género un hijo de puta y la mujer una boluda? Para pensarlo, ¿no? Debatan…

24 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer boluda a la enésima potencia.

sábado, 23 de abril de 2011

¡Flor de pena!

No existe en el mundo, situación más embarazosa que cuando un hombre y una mujer están en su primera o segunda cita y se acerca el eternamente INOPORTUNO  vendedor de flores.
Se aproxima lento pero seguro, con paso firme y decidido a cumplir con su misión. Luce siempre una intimidatoria e inescrupulosa sonrisita aparentemente inocente. El maldito mercader se siente un paladín de la justicia; pero en realidad, es un villano que se esconde detrás de un par de claveles, cuyo único propósito es desenmascarar las carnales intenciones de ese hombre que te acompaña.
Y ahí está. La prueba de fuego. Me imagino yéndome del boliche victoriosa, con el ramo en la mano, embriagada por esa sensación de triunfo sólo comparable con conseguir el ramo de la novia o el anillo de la torta en un casamiento. Una señal del destino. Pero el villano de la fotosíntesis me enfrenta una vez más, a ese hombre que finge no verlo y disimula un ataque de tos o una repentina necesidad de ir al baño.
 ¡Jamás! Jamás me han dado siquiera un ramillete de globos para repartirlos en un hogar de niños huérfanos, menos un ramo de flores en un encuentro amoroso.

23 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena, mujer que sólo sostuvo flores entre sus manos con tarjetas que decían “QEPD” en velorios varios.

miércoles, 20 de abril de 2011

Amor eterno

El otro día me preguntaron si creía en el amor eterno.
¡Ay! ¡Pero por favor! No me vengan con preguntas tontas. ¡Obvio que creo!
¡Cómo no voy a creer en algo que me pasa cada vez que un hombre me toca, me besa, me sonríe, me roza sin querer o simplemente me pregunta dónde para el colectivo 60!

Por las dudas, quiero dejar en claro que también creo en el amor a primera vista, en el amor platónico, en el amor prohibido, en el amor a distancia, en el amor de película, en el amor ciego, en el amor de verano, en el amor oculto, en el amor imposible, en el amor virtual, en el amor salvaje, en los amores que matan y hasta en el amor propio…

20 de abril de 2011 – Diario de Maria Pena (si está necesitada, que no se note)